Estaba decidida, saldría en primer tren disponible y le haría responsable de todos los inconvenientes de sus acciones, diría todo lo que le había molestado la última vez que se encontraron, no quedaría con aquella angustia atragantada en su pecho, le tendría que decir cómo la hizo sentir, sabía que ella no le importaba pero sería la última vez que callaba para no molestarlo, para herirlo, no se preocupaba por lo que le causaba a ella, ¿por qué a ella sí? Sabía la respuesta perfectamente.
Subió al tren, iba pensando en todas las palabras que le iba a decir, ni se incomodaría en ahorrarlas, él no pensaba ni se preocupaba por ella, está vez sería diferente, no quedaría callada.
Bajó y cogió el metro, era un viaje dentro de otro viaje, y empezaba a cuestionarse, a sentirse nerviosa, agobiada por cómo se desencadenaría. Seguro que le diría que era ella la responsable de todo y que se lo buscaba sola. Llegó a la parada y continuaba la odisea. Miró a la carretera dónde tendría que coger el bus, miró a la entrada del metro con ganas de volver atrás sus pasos y respiró, ya había llegado hasta allí, tendría que seguir y vaciar su pecho con todas estas palabras incrustadas.
Recordó la primera vez que había ido allí, como la señora le ayudó y le dijo que la acompañaba hasta la parada del autobús, iba en aquella misma dirección, recordaba sus palabras exactas cuando le avisó que había llegado su parada: “buena suerte, espero que encuentres lo que estás buscando”. Por supuesto que encontró. Tatuó aquel día en el alma..
Caminó por aquel camino que le pareció diferente, vio el edificio y entró, empezó a subir las escaleras con todas las palabras ordenadas, con sus “que si eso, o que si aquello, o dijiste que…” bien resueltos.
Llegó delante de su puerta resuelta y cuando iba a llamar… vio que el nombre en la puerta no era el suyo. ¿Se equivocó? Hacía tanto tiempo. ¿Se olvidó? ¿O simplemente era la vida que no quería que coincidieran?
Salió corriendo escaleras abajo lo más rápido que pudo, en qué estaría pensando, hasta que en el último tramo le vio.
Él la miró sorprendido, y ella…
Despertó temblando, con el corazón acelerado, sintiendo las mariposas de aquel día.
Isabel Silva
Este #relatosResponsabilidad participa en la convocatoria de marzo de @divagacionistas
