lunes, 28 de julio de 2025

Ese lenguaje secreto...



Caminaban por la orilla en silencio, oyendo el borboteo de la espuma del mar al tocar sus pies, y cuando les tocaban se miraban con complicidad y sonreían.
Sus miradas cargadas de amor ardían como el sol de verano, hablaban sin decirse nada, en ese lenguaje secreto de los enamorados que nadie más entiende.

Paseaban ajenos a todo, eran ellos y solo ellos en aquel lugar que habían hecho suyo a cada temporada de julio, sabían a(mar), a salitre de las salpicaduras del agua en sus pieles tostadas por el sol, alejados de la monótona y cotidiana realidad de la ciudad llena de bullicio, gritos al volante, atascos interminables, autobuses que tardaban un siglo en llegar. Allí estaban ellos y el mar que les unía.

Sentaban en la orilla a ver como la resaca espumosa de las olas les alcanzaban, a veces muy perezosa o desatadas, les arrastraban de donde estaban mar adentro, ellos sonreían, volvían corriendo al lugar donde estaban, a besarse las gotitas saladas en el otro, sabían a(mar), a sol, a arena, a protector solar, a verano.

El mar les recordaba que la felicidad eran ellos juntos en cualquier lugar, en la ciudad agobiados, en las tareas cotidianas, en los besos de buenas noches, en el silencio de una lectura, en un abrazo que era refugio, en un paseo a la orilla del mar y en la realidad de la vida.

Descubrieron jugando con la espuma, dibujando sus iniciales en la arena el sentido real de a(mar), eran ellos hablando un lenguaje secreto que nadie más conocía. 


Isabel Silva 

Este #relatosEspuma participa en la convocatoria de julio de @divagacionistas

 

lunes, 30 de junio de 2025

Volvía a estar en paz




Hacía casi un año que se había reconciliado consigo misma, llevaba años con esta lucha interior que la molestaba, que se decía que lo que sentía no estaba bien, que por ello era una persona fea.

En este conflicto era difícil encontrar un punto común, era ella contra ella misma, como el ángel del bien y el mal peleándose, cada cual queriendo tener razón. Ella con sus valores y principios, sufriendo por algo que le hacía bien, que era bueno para ella, que ayudaba a que siguiera adelante, le hacía sonreír, y que era complicado y difícil, sabía que surgirían problemas, sabía que no era una transgresión, era una buena persona, pero le costaba aceptar salir de sus convicciones, de lo dictado como cierto o errado. Estaba en un conflicto constante. 

Necesitaba hacer las paces consigo misma, era un conflicto inútil, desgastante. ¿Cómo sería posible ignorar a sí misma? Si fuera una persona querida en la misma situación le diría palabras agradables, que a veces los sentimientos nacen y que no puede hacerse daño con pensamientos dolorosos, que viva la historia se puede. ¿Por qué no si decía lo mismo?

Casi un año… 

Aceptó sentir, aceptó sus debilidades, aceptó que no quería hacer daño a nadie.

Aceptó que un día encontró la otra punta de su hilo rojo, se enredó en él, luchó para rechazarlo, cuánto más rechazaba más sentía. En el proceso de ignorar, sentir y rechazarse se rompió, consiguió recomponerse, volvió a romperse otras muchas veces enredada en un hilo que seguía protegiendo, hasta que aceptó sentir y se reconcilió con ella y sus miedos, entonces aflojó el nudo del hilo para que se liberará de ella, mismo que estuvieron hilados por siempre, soltó…

Entendió que la vida no siempre es un camino cierto donde cumplir a ciegas todas las señalizaciones, encuentras algunos desvíos, bellas montañas, desiertos donde quieres caminar en busca de un oasis, un océano inmenso dónde sentir las olas, un atardecer anaranjado y un cielo estrellado con una luna deslumbrante que te invitan a vivir algo nuevo.

Entendió y se dió permiso para atender su conflicto personal, dejó de enfrentarse consigo misma, se permitió sentir, cerrar las heridas de esta lucha desgastante y polémica, y el dolor cesó. Volvía a estar en paz y bien consigo misma.


Isabel Silva 

Este #relatosConflicto participa en la convocatoria de junio de @divagacionistas


lunes, 26 de mayo de 2025

Al borde del precipicio


Miraba fijamente la pantalla del portátil, delante tenía por tercera vez el email abierto.

Miraba la hoja en blanco que ansiaba sus letras, sus palabras, sus emociones. 
Quería escribirle, llenarlo todo con palabras diciendo que quería dar pasos atrás y volver a la casilla de inicio, quería volver a intentarlo. 

Volvió a acariciar las letras en el teclado, sabía que se escribía la primera, todas las demás saldría a borbotones, con trocitos de su alma en cada una de ellas.

Aquel punto parpadeante era un acantilado, estaba allí esperando a que saltará de una gran altura, confiando que esa vez su desasosiego fuera suficiente para dar el paso decisivo y lanzarse a colmar los espacios vacíos con su verdad y melancolía. 
Para ella había sido real, todo aquello le había pasado de verdad y aún sentía. ¿Qué tenía aún por decir que no le hubiera dicho? Lo único que no quiso decir esta vez. No quiero, no quiero que me dejes otra vez. Quiero que te quedes, quiero construir un tú y yo desordenado y ordenando, conociendo cada rincón nuestro, rompiendo la perfección, siendo imperfectos.  

El abismo parpadeaba delante de sus ojos, invitando a dar el paso, a sumergirse en sus aguas dudosas, a nadar hasta quedar sin fuerzas, a ir contramarea sin saber que encontraría en el destino. Un riesgo.

Deslizó los dedos por el teclado suavemente y dió a la pestaña de cerrar.

Amar también es dejar al otro libre de ti, y de un amor que no necesita. 
Si él la amaba sabía como encontrarla, encontraría el camino y las palabras que tendría que decir, entendería que sí es el hombre que ella merece. Entonces los dos saltamos al abismo y nadamos juntos hasta nuestra isla en medio del mar.
Por ahora, seguiría siendo un espacio libre de ella, como él quería, como él pidió. 

Apagó el portátil. No dejas de amar porque no te elige. Aprendes poco a poco a vivir con la ausencia. A sobrevivir al silencio. 

Isabel Silva 

Este #relatosAcantilados participa en la convocatoria de mayo/abril de @divagacionistas


lunes, 28 de abril de 2025

Azul, sobre azul y más azul


Un paso y todo habría acabado.

Respiró muy profundamente, el aire era frío y cortante, miro la intensidad del mar, escuchó el llamado de las olas, las aguas agitadas golpeaban el acantilado con fuerza, así mismo era un dulce cantar, triste y acogedor, invitaba a olvidar.

Miró aquellos colores entremezclados, azul, sobre azul y más azul. Un recuerdo, luego un suspiro, ya no había a dónde regresar, no volvería sobre sus pasos, no había otra oportunidad, ni palabras, había agotado todas y cada una de ellas, solo el silencio. 
Quiso escribir, miró el papel en blanco, las palabras no salían, se negaban a implorar, a suspirar, a despedirse otra vez, estaba decidida a poner fin a todo, a recomenzar.

En cuanto subía pensaba en si aquello era la mejor decisión, si debería quedarse un poco más, si debería insistir, si no sería buscar el camino fácil, ¿sería cobarde? ¿Realmente era la solución más fácil? Miró el cielo azul, sobre azul y más azul. El sabor a salitre en su boca, el olor inconfundible del mar que la llenaba de paz, había sido intrépida, valiente, temerosa, soñadora, indecisa, apasionada, había amado y había perdido.

Un paso y todo habría acabado. 
Saltó. Sintió el agua helada en la piel, como finas aguas.
El agua la envolvía a borbotones, apresurada por llenar todos los espacios que eran suyos, intentó respirar, se agitó, ya no había vuelta atrás. 

Tranquila, le susurro el mar con voz acogedora, estás en casa.

Dejó que las olas la envolvieran, dejó de resistir, respiró por última vez, dejó que el agua llenará sus pulmones, allí ya no tenía nada, estaba cansada de luchar, sin voz, sin fuerzas, sin valentía…

Experimentó una sensación familiar, la recogía por todo el cuerpo, transformando su piel, cambiando el aire por agua, la piel por escamas, el pulmón por branquias, los pies por aletas. No era la solución más fácil, era difícil dejarlo todo, necesitaba empezar después de construir frágiles castillos en la arena.

Oteo el océano, se sumergió en el agua, volvía a casa, allí era dueña y señora de su reino, su mundo, su lugar, su castillo fortificado bajo el mar y seguro. 

Arriba en el acantilado quedaron unas zapatillas negras algo gastadas y en el océano se alejaba una preciosa cola azul de Sirena, en un mar azul, sobre azul y más azul, que feliz le decía: bienvenida a casa pequeña.

Isabel Silva 

Este #relatosAcantilados participa en la convocatoria de abril de @divagacionistas

lunes, 31 de marzo de 2025

Siempre que llovía...


Le gustaba la lluvia, le gustaba andar bajo la lluvia, detestaba los paraguas, tampoco servían de mucho, eran un estorbo, prefería la lluvia, y siempre que llovía recordaba aquel poema de García Márquez, sobre la lluvia. “Llueve. Y estoy pensando en ti. Y estoy soñando”. 

Acostada en la cama, oía el golpeteo de la lluvia en la ventana cerrada, era tan tranquilizador el sonido. Levantó y fue a mirar las gotitas en el cristal, tenía varias formas distintas, deslizaban y se unían unas con otras. Miro al cielo con sus nubarrones, luego a la calle y vio a una chica corriendo para no mojarse, una pareja apretada, protegidos en el paraguas y una señora sin paraguas con pasos apresurados. 

“Nadie vendrá esta tarde
a mi dolor cerrado. Nadie”.
Recordó otro trocito del poema de García Márquez.

Volvió a observar las gotas de lluvia. Una ballena, una máscara de la peste, un murciélago, un tiburón, un fénix volando… parecían hechas de plata.

“Solo tu ausencia
que me duele en las horas.” 
Siempre estes versos de García Márquez, pensó.

La lluvia, el poema, las gotas en el cristal… la transportó a una tarde de invierno, a un temporal que la mojó entera, a una conversación amena, a unas risas cómplices, a una sensación conocida de bienestar y tranquilidad. Sonrió.

“Mañana tu presencia regresará en la rosa”.
Siempre que llovía esta estrofa del poema de García Márquez le removía algo por dentro, despertaba el amor, su amor de por siempre jamás, su amor de por siempre y para siempre, el único amor que quería y merecía, su amor… 

Cerró la ventana, se acostó con el sonido de la lluvia y sonó.
 

Isabel Silva 

Este #relatosLluvia participa en la convocatoria de marzo de @divagacionistas

viernes, 14 de marzo de 2025

La Luna les miraba ...






La Luna les miraba y sonreía..

Escuchaba sus risas y secretos, les seguía escondida entre nubes, le gustaba como se miraban y como hacían que cada momento juntos fuera único, como si fuera eterno…

Aquella noche de octubre con el cielo despejado los miraba atenta. Caminaban por el camino del río, aún tímidos, era la primera vez que se veían desde que se habían distanciado, quedaron en hablar, en entender lo que les había pasado y decir que harían después.

La Luna les miraba…
Había algo en sus miradas, en la de él recelo y dudas, en la de ella recelo y miedo al rechazo.

Cuántas veces, pensó la Luna, me habían mirado pensando el uno en el otro en la distancia, cuántas veces oí sus suspiros y sus palabras de añoranza, cuantas veces fui testigo de sus besos, de las sonrisas y miradas que me dedicaban sabiendo que los dos se encontrarán mirándome, la he despertado con mi dulce beso porque me lo enviaban él y ahora que están allí juntos, parecen distantes.

La Luna les miraba confundida…
¿Aún les dolía? ¿No se habían perdonado? ¿Se callaban? ¿Qué estaba pasando?

La Luna miraba y no entendía…

Ella me había dicho, muy emocionada que iba a poder abrazarlo, le iba a decir todas las palabras que tenía pendiente hasta quedarse vacía, le explicaría todos los malentendidos y le diría por fin que le amaba. 

¿Por qué callaba ahora?

La Luna miraba…

Él también le había dicho que quería arreglar los malentendidos, que puede que aún esté un poco herido, pero que quería intentarlo, la valoraba mucho y era importante para él.  También me decía que ella merecía alguien que le dedicará todo su tiempo y esfuerzo. ¿Lo decía de verdad? ¿Alguien que no fuera él? Lo dudo.
Su mirada era dulce, atenta, le decía que siempre la había visto. Pero también callaba, ¿Por qué?

La Luna miraba, recordaba todas las veces que ellos en la distancia se pensaban, se decían palabras dulces y le pedían para que ella con su resplandor les dijera, tantas veces suspiraban, se deseaban y le confesaban que querían estar juntos… ¿Será que piensa que dejaron de quererse? Ella escuchaba sus silencios, y conocía la verdad de sus corazones, estaban hechos el uno para el otro.

La Luna miraba, la noche avanzaba y ellos seguían por el camino callados, el miedo a hacerse daño, a volver a herirse y a perderse nuevamente les distanciaba. Ella le quería abrazar, él la quería besar. Ella le quería besar y él la quería abrazar. Pero no se atrevían

La Luna miraba triste viendo a los dos amantes temer el amor, conocía sus corazones, conocía sus dificultades, sabía que se añoraban, sabía que estaban hechos del mismo polvo de estrellas, eran tan diferentes y tan iguales, intensidad y tranquilidad, río y mar que se encuentran y se unen. Tal vez necesitaban algo más de tiempo.

Ellos caminaban, muy juntos, se miraban, sonreían, había fuego en sus miradas, había electricidad en sus pieles, sentían la atracción como a un imán… Él no quería hacerse otra vez daño y ella no quería que la rechazará. Caminaban medindo las palabras, temiendo romper la armonía que sentían por haber conseguido estar allí juntos y eso era algo que ninguno de los dos quería perder, la paz entre ellos, compartir un paseo en silencio, volver a reírse de un chiste malo, un café y un email a deshoras contando sus anécdotas, sus miedos o sus impresiones. Habían recuperado la confianza mutua. 

La Luna miraba…
Quién sabe la próxima vez que se encuentren ella le abrace y él la bese, que pueda oír sus suspiros de pasión en vez de silencio, que sepan la verdad de sus corazones y que están hechos del polvo de las mismas estrellas, son uno y un todo, son el uno para el otro.


Isabel Silva 


lunes, 24 de febrero de 2025

Elpis, la diosa de la esperanza



Imagino a Pandora viendo volar a todos los dones de su vasija (pithos) estupefacta, vaya con el regalo de los dioses, vaya con la jugarreta, esperaron pacientes a que la curiosidad pudiera con ella, y abrira la vasija, no una caja como dicen, imagino a Pandora averiguando que Elpis, la diosa de la esperanza sigue dentro e indagar: ¿Y esto qué es? ¿Y ahora?¿Quién dice que tener esperanza es bueno? ¿Qué hago yo con esto?

Entre las definiciones de la palabra esperanza en la RAE (Real Academia Española) me quedo con la matemática: f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.
Desde esta perspectiva de la esperanza de: ¿por qué y para qué tener esperanza en algo? ¿Y qué hacer? podemos responder a Pandora.

Cuanto más expectativas tienes, o cuanto más altas son, la probabilidad de decepcionarte y que acabes sufriendo por tener esperanza en que hago salga como deseas, anhelas o quieres es aleatoria, depende de factores externos que no controlas, depende de las expectativas de otra persona, del momento en que está, depende de las expectativas del otro hacía ti, de las formas que van a ser gestionadas cada situación, de cómo cada uno mira a la pithos, como la abre muy despacio, casi con miedo y cuando ve, por ejemplo: la esperanza en los ojos del otro esperando que por fin esta vez oirá las palabras deseadas, que tanto anhela, desea y sueña. O esa llamada que tanto espera del trabajo de sus sueños, o el sobresaliente en esta evaluación que te hizo perder horas y horas de sueño y te queda en un 9,8 con porque no pusiste una innovación de lo que sea… perspectivas y expectativas con diferentes resoluciones.

Imagino también a Elpis mirando pensativa: si salgo, puedo hacer más daño que todos los males juntos, puedo hacer que sientan una ilusionante sensación de que pueden conseguir lo que quieren con solo tenerme a mí a su lado, pueden ser optimistas, confiados, pueden creer que pueden con todo, ten fé dirán y la tendrán… Mejor me quedo aquí y cuando me necesiten, que miren y busquen muy, muy dentro de la pithos, me invoquen y ya si eso salgo.  
 
Según Prometeo, la esperanza no se va sin permiso, sino que sólo puede ser liberada por un vástago humano.

Por si acaso, mejor tener las expectativas a cero.

Isabel Silva 

Este #relatosEsperanza participa en la convocatoria de febrero de @divagacionistas



jueves, 6 de febrero de 2025

Cautiva de una sonrisa y de unos ojos que no me ven




Me cautivaron unos ojos en una foto sin verlos en persona, unos ojos soñadores y serios, dulces y misteriosos, intensos como el café. Tenían una sonrisa discreta, sentí que podía confiar, que aquellos ojos que me atraían como polilla a la luz serían capaces de verme como yo quería que me viera, tal cual soy. 

Unos ojos sonrientes y una sonrisa de encanto que te miran desde una pantalla, que te hablan tan lejos y tan cerca que piensas que ha alcanzado a verte, que mismo sin mirarte a los ojos sabe quién eres, que confía en ti como tú en él, estar cautiva de unos ojos que escuchaban al leerte, que te transmiten tranquilidad y paz, quería estar en cautividad eterna.

Entonces, llega un día en que pones voz y sonido a los ojos, que disfrutas de su sonrisa de cerca, el olor suave de unas notas que conoces pero no te acuerdas, sientes que no quieres apartar tu mirada de aquellos ojos, que allí quieres estar hasta el infinito de los días, sigues en la vana creencia que te ven, que sabe quién eres y conoce toda la tempestad que ha desencadenado en ti. 

Llega un día en que besas estos ojos cautivadores, te encuentras y te pierdes en ellos en un suspiro, le susurras palabras de amor, te miran con una suavidad intensa, te incendian y te extasian la intensidad de su café. 

Y crees que te ven. Y sabe quién eres. Y que te escuchan. Y que te entienden.

Y no te reconoces. Y no te ves reflejada. Y no te ha oído. Y no te conoce. 

Algunas veces pensaste que sí, que estos ojos intensos que ahora huían te conocía, pero diseñaste una quimera y la creíste, te dejaste cautivar por una sonrisa y unos ojos que no te ven.

Así mismo sigue en mi estos ojos soñadores y serios, dulces y misteriosos, intensos como el café y quería que me dijera que no era una quimera, me ve tal cual soy, y que me quieres otra vez en la intensidad de tu café. 


Isabel Silva 


lunes, 27 de enero de 2025

El mejor final

 



Su intuición le avisó que algo había cambiado, todas sus alertas estaban activadas, le preguntó qué había pasado para que volviera allí. 

¿Qué ha cambiado? Preguntó con curiosidad. Nada, era el momento de arreglar las cosas contigo, respondió.
No podía ser así de simple, además sus actos no coincidían con sus palabras, ni las mismas palabras coincidían con lo que supuestamente decía que quería arreglar.
Decidió creerle, podía ser que esta vez fuera por ella, por sentir aflicción por las palabras tan duras que le había dicho después de rechazar sus disculpas.

Volvía justo cuando había decidido que era el momento de cerrar sus heridas, que era el momento de hojear aquella historia tan llena de palabras a medias, de rasguños, de capítulos acabados y reescritos, escribir el capítulo final por última vez y quemar el libro. 
Miro las páginas, algunas emborronadas con lágrimas, otras con anotaciones en los márgenes: añoranza, dudas, amor, recelos, confianza, miedo y más añoranza. 
En una hoja una pregunta: ¿Y todo lo que podemos ser? Acarició las letras.
Abrazó el libro con fuerza, le dió un último beso y le lanzó al fuego. 
Era hora de decir adiós.
De repente un mensaje que decía: Quería hablar contigo.
El libro ardía.
Volvió a leer. Miró al fuego. ¿Hay algo que salvar? Dudó un instante.
En un arrebato sacó el libro del fuego, apagó rápido las llamas que querían seguir quemando, como una advertencia: deja que siga ardiendo. 
Guardó el viejo libro con cuidado.

Pregunto que le quería decir. Por una vez pensó que aquel cambio inesperado sería por ella, para empezar a escribir un nuevo libro juntos. Y así hicieron. O eso pensaba ella.
Nada cambió para ellos, seguía igual de distante, indiferente, sin tiempo, para él seguía siendo el viejo libro, con las mismas viejas palabras.

¿Recuerdas su intuición? Le advirtió y no fallaba. 
Aquella reaproximación era por conveniencia, ella no era el motivo de la mudanza, no le importaba, supo unos meses después haciendo scroll en una publicación.

Una lágrima, luego otra y otra…
Tocó el nuevo libro, con las páginas acabadas, pensaba que era una historia corta con un final feliz para los dos.
Que equivocada o mejor dicho, pobre enamorada. 
Era el final feliz que él quería para él, otra vez, el final feliz que mejor le convenía.


Isabel Silva 

Este #relatosMomento participa en la convocatoria de enero de @divagacionistas

lunes, 25 de noviembre de 2024

El Lobo y yo


 

Antes escribía de libertad, de huir muy lejos, dejar el Lobo correr libre, solitario, independiente, estaba sediento de libertad, sin nada que le reprimiera, cuantas veces nos miramos a los ojos y el Lobo me decía: necesitamos ser libres, ven conmigo, huyamos del trivial, no necesitas palabras vacías, mirame a los ojos, en mí ves quién realmente eres.
El Lobo quería soledad, correr libre por la campiña con la Luna de guía y las estrellas de espectadoras, y así seguíamos el Lobo y yo, en un mundo infranqueable, él impaciente por huir y romper todas las cadenas.

Entonces algo cambió, pasé a escribir de quedarme, de compartir mis atardeceres, de soñar despierta y volar muy, muy alto, el Lobo se sentía seguro, arropado, sentía que le entendían, era una sensación tan cálida y embriagadora, él quería que aquel lugar le perteneciera, aquel rinconcito se acercaba al paraíso que no se había permitido soñar, fue tan imprevisto, sus sentimientos a flor de piel.
El Lobo quería pasear tranquilo jugando con el agua, quería sentir el fuego que le calentaba el alma a todo instante, quería sentir las caricias del viento en su pelaje.
Ten cuidado, le pedía, te puedes herir. El Lobo me miró y dijo que confiaramos, le gustaba estas nuevas percepciones de la vida, quería explorar todos los rincones del bosque, perderse en el follaje húmedo, responder al susurro del viento y volar en sus brazos, por primera vez sentía tranquilidad, quería ser frágil, enseñar quién era sin miedo, veía su reflejo en el agua y le complacía.
Yo recelaba y temía a las heridas, el Lobo sabía lo que quería y le contaba a la Luna, era feliz, amaba, después de tanto huir amaba, sentía que le valoraban, quería estar allí, mismo siendo complicado, aquel sería su lugar para siempre…

Ahora el Lobo mira a la Luna desde su cueva, está en total oscuridad, arrinconado y sumido en la tristeza, no siente dolor, las heridas están cicatrizadas. Me mira afligido y avergonzado, está inmerso en la melancolía, quiere estar solo, entendió que no había un lugar al que volver, se despidió de la mejor manera posible y caminó hasta allí. 
Le he mirado y prometí que le mantendría a salvo, nadie volverá a acercarse a nosotros. 
La Luna, ese faro coronando el cielo, ve su desesperanza y me dice: también le avisé, pero se había enamorado. 


Isabel Silva 

Este #relatosFaro participa en la convocatoria de noviembre @divagacionistas








lunes, 28 de octubre de 2024

Escogeré una y mil veces este camino contigo.



Quería caminar contigo, ir paso a paso, construyendo el camino. Sé que habría conflictos, dificultades y obstáculos que enfrentar, sé que habría decisiones enfrentadas, somos dos fuerzas de la naturaleza, pero no soy tan impulsiva ni tu tan realista, por eso sé que seríamos capaces de llegar a un consenso, buscar soluciones y tomar decisiones cotidianas juntos, seríamos uno y también seríamos dos, sé que tendríamos que adaptarnos al otro, conocernos y tener paciencia, tú tienes tus manías y yo las mías, encontraríamos el punto intermedio, el equilibrio entre tu mundo y el mío, construiriamos algo sólido, fuerte, precioso, eterno.

Sé que seríamos dos, caminaríamos lado a lado, sentados juntos en el desierto cuando fuera necesario, apoyándonos, dejándonos espacio, aprendiendo del otro a ser dos siendo uno.  Quería caminar contigo bajo la lluvia, sentarnos tranquilamente a tomar el sol, o a mirar el cielo cuajado de estrellas, o iluminado por la luna.

Sí, sería complejo, me daría miedo y sé que escogería una y mil veces este camino contigo. 

Quería encontrarte en el camino esperándome, cogiéndome de la mano y diciendo: Vamos, no será fácil, pero estaremos juntos en esto, y haremos lo mejor posible. ¿Y tú, te atreverás a caminar conmigo?

Daría un paso adelante, cogería tu mano y te diría: escogeré una y mil veces este camino contigo.


Isabel Silva 

Este #relatosCamino participa en la convocatoria de octubre de @divagacionistas






lunes, 30 de septiembre de 2024

Sería un buen recuerdo...


Estaba en el umbral de la puerta contando los segundos para lanzarse en sus brazos, llevaba mucho tiempo soñando con este momento. 

Había imaginado varias veces lo que quería hacer, respirar su olor a hojas frescas, fundirse en su abrazo, y apretarlo muy, muy fuerte, deslizar los dedos por su pelo, mirarle a los ojos y besarlo y volver a abrazarlo, fundirse el uno en el otro, o tal vez lanzarse de golpe en sus brazos y que le atrapará en el aire, o no decirse nada, tenderle los brazos, que le aupará y le besará, así estaba con el corazón latiendo descompasado, nerviosa por este encuentro después de tantos desencuentros, tantas veces deseo este día y ahora se hacía realidad.

Miró el cielo nublado, el olor a lluvia estaba presente, pronto caerían las primeras gotas en el suelo de piedra del jardín y llenaría todo con su perfume inconfundible, el viento era suave y frío, jugaba con su pelo y le gustaba.

Oyó unos pasos y bajó la mirada, le vió caminando hacía ella con esa preciosa sonrisa que le hacía olvidar hasta de respirar. 

En un instante se desvaneció hasta la última duda. 

Quería ser un buen recuerdo en su vida, y si al final sus caminos se separaban, quedaría para siempre en él, la recordaría con añoranza, reviviría sus buenos momentos y se le dibujaría su preciosa sonrisa.

Así sería ella, un buen recuerdo en su vida, un recuerdo al que él siempre querrá volver. 

Cuando lo tuvo delante, le dijo hola y le beso suavemente en la mejilla.


Isabel Silva 


Este #relatosUmbral participa en la convocatoria de septiembre de @divagacionistas


lunes, 29 de julio de 2024

Olvidar



Estaba mirando por la ventanilla del avión, todo era oscuridad, había sido una decisión difícil, pero necesitaba despejar y además los 6170 km que les iban a separar deberían ser suficientes para él, para saber que estaría lejos, sin contacto alguno por mucho tiempo, mismo que quisiera no podría hablarle, la diferencia horaria era enorme, cuando estuviera recorriendo para dormir ella aún estaría pensando en lo que cenar. además estaría arropada y podría lamer las heridas tranquilamente, podría romperse en mil pedazos y dejar de parecer fuerte, quién sabe sanar y quién sabe olvidar. 

Olvidar es recoger los recuerdos y meterlos en un agujero negro de donde no volverán a salir jamás, solo oscuridad, arrinconar todo lo viviendo en un espacio vacío, sin aire y no volver a verlos jamás, se transforman en un polvo tan fino que es imposible de unirlos, se esparce por el tiempo y se pierden, así es el olvido. Nada vuelve a su lugar, es una niebla espesa.

Como cuando preguntaron se recordaba a una persona, mismo con datos, nombre, descripción había entrado en la oscuridad. 
El tiempo y la distancia, principalmente la distancia, con un océano y el cielo entre ellos podría ser la solución.

Despertó. Miró alrededor de la habitación oscura, ando por la casa vacía hasta la cocina necesitaba agua y supo en este instante que tenía que poner rumbo a casa.
Necesitaba abrazos, todos los abrazos posibles, y llorar acurrucada en el regazo de su madre hasta quedar dormida, no haría falta ni hablar, estaría segura, allí en aquel momento y con el océano entre ellos empezaría a olvidarlo, a enviarlo al vacío que tantas veces pidió que hiciera.

Pero era realista, él solo dejaría de latir ella cuando ella fuera aire… 


Isabel Silva


Este #relatosNegro participa en la convocatoria de julio de @divagacionistas

lunes, 24 de junio de 2024

 La niña que comía pendientes 


Hace unos días en una cajita de preguntas en instagram preguntaban: ¿Qué hacías en 1977? Y recordé algo que había pasado por esta época, no por recordarlo yo pero por oír varias veces a mi madre contar y le escribí para preguntar cuándo había pasado, le dije lo quería hacer, se rió y dijo:
sei nāo menina. Significa que ella no lo haría pero le hace gracia, le digo que me dejaron la broma fácil y respondo a la pregunta. 

¿Qué hacías en 1977? Engullir un pendiente de oro (8 meses) y mi madre salió corriendo conmigo al hospital. La persona del otro lado de la pregunta respondió con: “Cuidado! Éramos tan jóvenes o incluso en proyecto XD”. 

Es muy bueno encontrar personas amables y con sentido del humor detrás de publicaciones “serias”, esta pregunta era por un foro de agua que va acontecer en 2026 y por el primero que aconteció por esta época, y algunos que hoy en día divulgamos, somos activistas, estamos comprometidos con estas causas: agua, medioambiente, alimentación, sostenibilidad etc éramos como dijo el chico muy jóvenes (una niña que había engullido un pendiente de oro) o en proyecto, en proceso de fabricación y acabado, éramos personitas en construcción que años más tardes queremos estar en foros de agua, que nuestros héroes de la infancia fueron personas que divulgaron sobre temas ambientales, personas que escribieron libros, personas que cambiaron el mundo.

Compartí con mi madre la respuesta y me dijo que no entendía bien, qué significaba XD (puede que mi interlocutor fuera aún más joven) y le dije se había reído a carcajadas y esto lo sé por qué me ha ilustrado mi hija XD.

A todo esto se une mi hermano mediano a la conversación, él aún era solo un sueño de proyecto (pon el manos libres pide) y suelta: seguro que el pendiente sigue dentro de ti, dando vueltas. Ten cuidado. Mi madre le dice que el pendiente no está dentro, y le digo que no le diga más nada que el niño se va a venir arriba con sus ocurrencias.  Lista que es ella comiendo pendientes de oro, en cuanto otros niños comen barro y arena. Como tus hermanos, ¿no te acuerdas? 


Hoy es una anécdota graciosa que contar, y que he oído muchas veces y que seguiré contando lo de la niña que engullía pendientes.


Isabel Silva



Este #relatosEdad participa en la convocatoria de junio de @divagacionistas



lunes, 27 de mayo de 2024

Un algo...


Quiero volver a los resquicios de nuestro pasado, al momento exacto que te vi por primera vez, a tus ojos, a tus brazos, al primer beso y a la sensación de flotar en el aire, a la mirada ávida, dos piezas de un puzzle que se completa a la perfección, el equilibrio perfecto, el yin yang, ese instante desacostumbrado en que supe que nadie y nada sería igual, había encontrado el piñón que encajaba con mi engranaje, que lo movía y lo hacia funcionar. Volvería mil veces a este momento, buscaría cualquier pretexto que me llevará allí, a sentir mi corazón a mil y explotando de emoción, quería volver a encender las luces del atardecer todos los días de nuestras vidas juntos.

Y espero que en un lugar recóndito de tu razón, tú también sueñes conmigo y quiera volver allí… Que rasguñes cuentos imperfectos donde somos los protagonistas, vencemos las complicaciones, somos cómplices y compañeros derribando torres, volando entre nubes grises y cambiando al tocarlas.


Anhelo que en un momento imprevisto, en un aleteo de tus pensamientos me recuerdes y me eches de menos, que oigas mi nombre y lo repitas al viento para ver si él me acaricia, me despeina y me besa dulcemente en la frente.

Ansio que encuentres una grieta, un algo, como hablar del mar, de las ganas de sentir las olas, de tocar la arena, mirar ese beso pausado, a veces ansioso y otras veces casi imperceptible del agua a la arena, un pretexto, una palabra, una razón para romper el silencio. 


En lo más insólito de mi alma sigues coexistiendo, mi corazón reniega a tachar tus recuerdos, a desdibujar tu sonrisa y tu mirada llena de intención, en lo más recóndito de mi ser aún vives, y seguiremos caminando en mi isla, hablando de todo y de nada, dando sentido a los colores soñados, escribiendo una página, un capítulo, una línea a la vez de un nuevo libro. 



Isabel Silva


Este #relatosResquicios participa en la convocatoria de mayo de @divagacionistas

lunes, 29 de abril de 2024

¿Te acuerdas de la última vez que te rocé?



¿Te acuerdas de la última vez que te rocé? ¿Te acuerdas de que huiste varias veces, y casi no pude alcanzarte? 


Estás veces que conseguiste alejarme, percibiste que te iba a rozar, sentías el soplo suave de mis dedos casi tocando tu pelo y de un plumazo me enviaste lejos de ti.

Pero, ¿te acuerdas de la última vez?

Ibas a dormir, estabas tan tranquila y no me viste llegar, te acaricié con la nostalgia, solo un pequeño impulso, un recuerdo escondido en la frase del libro que leías, quedé allí esperando el momento de asomarme, no te gusta cuando me acerco mucho, me evitas, me atrapas en tinta y papel en blanco o en las publicaciones anónimas donde nadie te compadece, ni saben de mi, pero la última vez estabas demasiado frágil para huir de mi roce.

Susurré la frase en tu oído, acaricié tu pelo con suavidad, deslice mis dedos por tu rostro, sentiste como iba acercándome, te envolviendo con mis nieblas, te llevando donde no quieres ir, siempre me apartas de malas maneras, eres más fuerte que yo, pero ese día, ah ese día… 

Me abracé a ti, susurré una vez más en tu oído, sentiste mi aliento en tu rostro, intentaste huir pero fue tardé, otro recuerdo, otra ventana abierta y me dejaste entrar, toqué con mis dedos la primera lágrima y otra y otra, está vez fuiste mía, no fuiste tan rápida como otra veces, no conseguiste encerrarme en una fría hoja de papel, en un post escondido que nadie va a leer, en las sombras y el anonimato. 

Está vez no pudiste decirme vete Tristeza, no quiero tus tonos grises aquí, te aprisiono en tinta, y te hago desaparecer, está vez fuiste mía, te rocé suavemente y quedé contigo hasta que tú adormecerá.  


Este #relatoRoce participa en la convocatoria de abril de @divagacionistas 

lunes, 25 de marzo de 2024

Quiero desaparecer y no volver… 


Llega un momento que lo único que quieres es desaparecer, dejar de existir y no volver a hacerte viva.

Me explico: Dentro de ti, en lo más profundo de tu ser sigue vivo el amor, no entiendes, ni sabes porque después  de ser desahuciado sigue respirando, resistente y nítido, ¿porqué? te preguntas una y mil veces.

Entonces quieres desaparecer, intentas ahogar el amor que grita en tu corazón, que late pausado y que mira a dos caminos: En uno sabes lo que es mejor y más prudente, apartarse y seguir adelante, con diplomacia. En el otro nos arrastra la corriente, cada latido grita amor, es como casi ahogarse en el mar y seguir volviendo allí una y otra vez por la fascinación que sientes, quieres volver a las olas, al olor en tu piel y a oír sus sonidos mismo entendiendo que te puedes ahogar.

Había sentido ganas de desaparecer una vez, el dolor fue tan fuerte, tan devastador que tardé un buen tiempo en volver allí a releer, pero en vez de apartarme y ponerme a salvo entré de lleno en el ojo del huracán, me dejé arrastrar por las circunstancias y la diplomacia. Ahora es diferente, quiero desaparecer en silencio, sin dejar vestigios de mi existencia, salir sin hacerme notar, ya no me pregunto qué voy a hacer con todo el amor que aún siento, ni intento entender por qué aún late despacio y otras veces desesperado, acepto con cariño que vives en mi, conservaré nuestros recuerdos bien resguardado y cuando Morfeo te abra las puerta de mi sueños despertaré con nostalgia, querré escribirte, abriré el email y trazaré las palabras, puede que alguna lágrima resbale melancólica y dolida, abriré el cajón de los recuerdos, los miraré y acariciaré con suavidad, soñaré un rato despierta y te seguiré amando en silencio, desapareciendo un poco más, desdibujando líneas, amontonando en borradores mensajes que no leerás y que me ayudarán a aliviar mi añoranza y mi necesidad de hablar contigo, porque seguiré teniendo grabado a fuego tus palabras.

Desaparecer. Quiero desaparecer y no volver… mismo con el corazón loco de amor, desaparecer, no volver a hacerme viva y adentrarme en la niebla, pero seguiré soñando contigo, dormida y despierta.


Este #relatosDesaparecer participa en la convocatoria de marzo de @divagacionistas 





lunes, 29 de enero de 2024

La esencia de un poeta

La esencia de las palabras es su poder. Como te hacen sentir al leerlas, al escucharlas o escribirlas, cuando eres el receptor o el mensajero, en cualquiera circunstancia sientes su esencia, su poder.

Bien escritas y estilizadas son capaces de enamorar, de herir, de hacer que sientas que eres la esencia inspiradora que las motiva, hacen que creas que eres única, musa y dueña de cada una de ellas, eres la llave que abre las puertas de la imaginación, de la sensibilidad de cada verso, eres el encanto y la esencia lírica, dramática, épica de su razón.


Piensas que eres la musicalidad en cada sílaba, la unión de cada letra para formar las palabras perfectas, sensibles, dulces, exclusivas, crees ser la fuente de toda la inspiración, palabras escritas solo para ti, señora de sueños soñados despierto, y de la rima de un poeta que poseía las llaves para abrir las puertas infranqueables de tu corazón, con un trazo fino dibujaba los sueños, coloreaba la habitación con palabras de colores preciosos, hechas con esmero para un corazón revestido en una armadura, la belleza de saber cómo armonizar y dedicar la frase correcta, y las creí.


Creí las palabras de un poeta que me humedecieron como el rocío, me encendieron con sus llamas y se disiparon en la brisa, y no las quiero encontrar en otros ojos, ni en otros pensamientos, ni en otros sueños, ni en ningún otro color.



Participo con este #RelatoEsencia en la convocatoria de enero de #Divagacionistas #Esencia

lunes, 25 de septiembre de 2023

Sobreviviendo en una canción



Estoy sobreviviendo en una canción.


A veces pasa, encuentro una canción que es perfecta para el momento que estoy viviendo, unas duelen y otras hacen que mi alma se reconforte, otras animan y otras tantas son nostálgicas, me llevan a un bucle de morriña, sueños y deseos por cumplir.

Sobrevivo en esta canción desde el verano, es perfecta para decir lo que quiero y siento sin tener que escribirte, la comparto para que sepas que quiero volver a cuando estábamos bien, a cuando te enviaba canciones para oír juntos, para cuando te quería decir algo sin palabras: siente la música, no atiendas a la letra, solo siente la música y luego me cuentas tus sensaciones.

La estoy oyendo en bucle, cada palabra es lo que quería decir, cada estrofa es una declaración de intenciones en esta canción de amor, y ahí sobrevivo queriendo que volvamos a cuando estábamos bien, a cuando compartíamos y completábamos nuestros pensamientos, cuando éramos tú y yo, quiero volver a bailar de nuevo a nuestro ritmo, sentir cada melodía, vibrar los dos en sintonía, sentir cada nota, ser música y letra, sincronizados en cada nota.

Quiero volver a este tiempo en que nosotros solíamos estar juntos, en este lugar donde me sentía segura, donde solía ser yo sin armadura, donde solía ser real, volver a mis atardeceres contigo, sin sueños ni ataduras, sin miedos y recelos, quiero ser y estar en nuestra melodía armoniosa.

Sobrevivo en esta canción, en las palabras que quiero decir, en el mensaje en borradores donde ella está como un himno a la reconciliación, quiero volver a cuando estábamos bien, a cuando te podía decir algo sin problema, a este abrazo que no sabía que quería y que necesitaba y quiero seguir allí por siempre, sobrevivo en las palabras, y quién sabe así de repente me escuchas y volvemos a bailar a este ritmo que conocemos.

Por ahora voy sobreviviendo de canción en canción...



Participo con este #RelatoSobrevivir en la convocatoria de septiembre de #Divagacionistas #Sobrevivir

lunes, 24 de abril de 2023

La magia de las primeras veces

 La magia de las primeras veces, esta sensación que te calienta por dentro, transforma una suposición en una certeza, aclara dudas y te hacen tomar decisiones a veces inesperadas.

La primera vez que te ves atrapada en una sonrisa después que llegas al cielo, desciendes del extásis, miras a unos ojos que te sonríe, dos sonrisas que se besan y allí querias seguir, en ese momento lleno de magia, con el alma alborotada y el corazón repleto de incertezas y amor.

Sentir la magia reconfortante de un abrazo que no esperas, que te aprieten bien fuerte, respirar tranquila en aquel abrazo inesperado y te sientes en casa, como si estuvieras destinada a este abrazo, que parece infinito, entonces lo aprietas aún más,  sin querer que ese abrazo acabe, que la magia del momento no se desvanezca, que dure por siempre y que este abrazo que parece tuyo, hecho a medida para ti jamás te falte, que puedas estar en él siempre que te apetezca.

La magia de las primeras veces, donde los sueños imposibles se hacen realidad, donde atesoras estas primeras veces con cariño porque en algunos casos, será la primera y última vez de un beso, de una sonrisa y de un abrazo que jamás te han pertenecido.



Participo con este #relatosMagia en la convocatoria de abril de #Divagacionistas #Magia